LA ICONOCLASIA EN LA "HISTORIA DE LOS LONGOBARDOS" DE PAULO DIÁCONO (s.VIII)

 

Mientras tanto, el rey Liutprando (712-744) asedió Ravenna, tomó Classe y la destruyó. Poco antes, el patricio Paulo había enviado desde Ravenna quienes matasen al pontífice, en defensa del cual se levantaron los longobardos: los espoletinos haciendo resistencia en el puente Salario, los de Toscana en otros lugares. De esta manera falló el plan de los de Ravenna.

En aquel tiempo, en Constantinopla el emperador León (771-741) ordenó destruir y quemar quemar todas las imágenes de los santos. Además mandó decir al romano pontífice que hiciese lo mismo, si quería mantenerse en el favor imperial; orden que el pontífice rechazó indignado. También los ejércitos de Ravenna y de Venecia se opusieron unánimes a tales órdenes; y si el pontífice no los hubiese calmado, se hubiesen dado otro emperador. Liutprando aprovechó para ocupar las ciudades emilianas de Feroniano, Montebellio, Busseta, Persiceta, Bolonia, la Pentápolis y Auximo. En la misma campaña tomó también Sutrio, restituyéndola algunos días después a los romanos.

Entre tanto, el emperador León intentó, por la fuerza o con lisonjas, obligar a todos los habitantes de Constantinopla a quitar de donde se encontrasen las imágenes del Salvador, de su santa madre y de todos los santos: imágenes que hacía después quemar en el centro de la ciudad. Al oponerse la mayoría del pueblo a tales sacrilegios, muchos fueron decapitados, otros mutilados en su cuerpo. Mientras que el patriarca Germano que se había negado a aceptar esta herejía, fue expulsado de su sede, a la que fue llamado el monje Anastasio.

 

(Paulo Diácono, Historia Langobardorum, VI, 49, en: Migne, Patrologia Latina, t. XCV, cit. en: Riu-Batlle-Cabestany-Claramunt-Salrach-Sánchez, Textos Comentados de Época Medieval (siglo V al XII), Teide, 1975, Barcelona,  pp. 159 y ss.)